Doce metros cuadrados

Marcelo Gardinetti

En el espacio que existe entre la curvatura de uno de los muros de piedra y el extremo alabeado de otro, asoma una puerta. Sus lados están salpicadas de figuras alegóricas, sometidas al orden que imponen las líneas que lo cruzan.

Una de sus caras enseña las franjas del apocalipsis (1). Un cielo donde flotan nubes que no son nubes sino huellas, y dos manos que no son manos sino alas de la mujer que huye del dragón. Una línea vertical que atraviesa el centro del plano divide partes antagónicas: Los azules de un lado son rojos en el otro; la estrella encuentra su opuesto en el rombo; la mano abierta en la mano cerrada. Debajo de esas dualidades, la tierra sostiene un rio que se hace serpiente buscando el mar, mientras celebra la tensión que habita encima.

En la otra cara, la estrella y el rombo se ordenan…

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